LOS MÓVILES Y LOS ADOLESCENTES
Escrito por ALEJANDRA IGLESIAS SAN MIGUEL, sábado 20 de febrero de 2016 , 13:53 hs , en TRABAJOS DE LOS ALUMNOS

 

Hoy en día casi todos los niños y adolescentes tienen un móvil. Yo os voy a explicar las razones a favor y en contra.

 

Desde mi punto de vista los móviles son buenos porque si tu madre  no sabe donde estás, te puede llamar y saber donde estás.

 

Los móviles también sirven para enviar mensajes y quedar los fines de semana sin tener que salir de casa.

 

Pero los móviles también tienen contras, como cuando tienes demasiados juegos y te vicias, es decir, que estas todo el día jugando. Por ejemplo: yo tengo un amigo que los fines de semana se levanta pronto para jugar a la “play”.

 

También otro problema es que pueden coger tu número de teléfono y hacerte bromas telefónicas, por eso no hay  que dar el número de teléfono a nadie que no conozcas.

 

Por otro lado una razón a favor sería cuando quieres sacar fotos y no tienes una cámara, puedes utilizar el móvil. Por ejemplo: cuando fui al museo del Guggenheim, saqué muchas fotos y las tengo guardadas en el móvil.

 

Por estas  razones yo creo que los móviles son buenos para sacar fotos, para que te localicen, para hablar sin tener la necesidad de salir de casa… Pero por otro lado, creo que son malos para hacer bromas telefónicas  y para viciarse.

 



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  • Andrés Gallego el lunes 1 de junio de 2026, 09:18 hs

    Educación en prevención y autoprotección ante incendios: aprender a proteger vidas

    La educación en prevención y autoprotección ante incendios no es una materia complementaria ni un añadido formativo de segunda categoría. Es, en realidad, una de las formas más eficaces de protección social contemporánea. En un contexto en el que la densidad urbana, la complejidad de las instalaciones eléctricas y la multiplicación de riesgos domésticos e industriales aumentan de forma constante, la capacidad de anticipar, identificar y reaccionar ante un incendio se convierte en un elemento estructural de seguridad pública.

    No hablamos únicamente de técnicas de evacuación o del uso de equipos de extinción. Hablamos de cultura cívica, de hábitos cotidianos y de una responsabilidad compartida que atraviesa hogares, escuelas, empresas y administraciones. La prevención de incendios, entendida correctamente, no empieza cuando suena una alarma: empieza mucho antes, en la forma en la que organizamos los espacios, en cómo educamos a la infancia y en cómo asumimos que el fuego no es un accidente remoto, sino una posibilidad real.

    La sociedad contemporánea ha avanzado en múltiples dimensiones, pero aún arrastra una brecha significativa en materia de conciencia preventiva. Esa brecha es la que convierte pequeños incidentes en tragedias evitables. Por ello, la formación no puede ser episódica ni simbólica; debe ser estructural, continua y transversal.

    En este marco, la pedagogía aplicada a la seguridad contra incendios se convierte en una herramienta estratégica. No se trata solo de enseñar qué hacer, sino de interiorizar cómo pensar ante el riesgo: detectar señales tempranas, comprender la propagación del fuego y actuar con precisión bajo presión.

    A medida que la urbanización se intensifica, también lo hacen los desafíos. Cocinas industriales, sistemas eléctricos complejos, materiales sintéticos y espacios cerrados configuran escenarios donde un incendio puede evolucionar en cuestión de minutos. Por eso, la formación en autoprotección debe entenderse como una inversión directa en vidas humanas.

    En este punto, la disponibilidad de recursos adecuados es tan importante como la formación. La educación debe ir acompañada de herramientas reales que permitan la intervención inmediata.

    A nivel práctico, los programas de formación suelen apoyarse en recursos accesibles y didácticos como extintores, cuya comprensión y manejo forman parte esencial de cualquier protocolo de seguridad básico. Sin embargo, la clave no reside únicamente en el dispositivo, sino en la capacidad del usuario para interpretarlo como una extensión de su propia respuesta ante la emergencia.

    Cuando analizamos la eficacia de la prevención, observamos que la diferencia entre un incidente controlado y una tragedia reside en segundos y decisiones. Por ello, la educación debe ser precisa, repetitiva y experiencial.

    La educación como primera línea de defensa contra el fuego

    La implementación de programas educativos en prevención de incendios ha demostrado ser una de las estrategias más efectivas para reducir riesgos. No se trata de teoría abstracta, sino de entrenamiento aplicado a situaciones reales. En entornos escolares, laborales y comunitarios, la formación práctica permite a los participantes reconocer peligros antes de que se materialicen.

    La Semana de la Prevención, por ejemplo, ha consolidado un modelo pedagógico basado en la experiencia directa. Niños, jóvenes y adultos participan en simulaciones que reproducen condiciones de emergencia controladas. Este enfoque permite que el aprendizaje no dependa de la memoria, sino de la experiencia corporal y emocional.

    Uno de los elementos fundamentales en estos procesos es la familiarización con equipos de extinción portátiles. El uso adecuado de un extintor polvo ABC representa una competencia básica dentro de cualquier programa de autoprotección. No obstante, su eficacia depende de la correcta interpretación del tipo de fuego, la distancia de aplicación y el tiempo de reacción.

    La formación, por tanto, no puede limitarse a una demostración superficial. Debe integrar práctica, repetición y análisis crítico del error.

    Además, la participación ciudadana en estos programas refuerza un principio fundamental: la seguridad no es delegable. Cada individuo es, potencialmente, el primer interviniente en una emergencia.

    Programas de formación y cultura preventiva en la sociedad actual

    El desarrollo de programas educativos estructurados ha permitido ampliar el alcance de la prevención más allá de los cuerpos especializados. Hoy, la autoprotección se enseña en distintos niveles: desde la educación primaria hasta la formación empresarial.

    Los contenidos suelen incluir identificación de riesgos, planificación de evacuaciones, uso de equipos de extinción y protocolos de comunicación en emergencias. Este enfoque integral permite que la ciudadanía no solo reaccione, sino que comprenda el entorno de riesgo en el que se desenvuelve.

    Las instituciones públicas desempeñan un papel clave en esta arquitectura formativa. Ayuntamientos, servicios de bomberos y entidades de protección civil coordinan actividades que buscan generar una cultura preventiva estable y duradera.

    La incorporación de nuevas metodologías, como simulaciones inmersivas y espacios de entrenamiento con humo artificial, ha mejorado significativamente la capacidad de retención de los aprendizajes. Estas técnicas permiten reproducir condiciones extremas sin poner en riesgo a los participantes.

    El resultado es una ciudadanía más preparada, más consciente y menos vulnerable ante situaciones críticas.

    Educación práctica y aprendizaje basado en la experiencia

    El aprendizaje en materia de incendios no puede ser exclusivamente teórico. La eficacia formativa depende de la exposición controlada a escenarios que simulen la realidad. En este sentido, la práctica supervisada se convierte en el eje central de cualquier programa serio de autoprotección.

    Las simulaciones de evacuación permiten entrenar la toma de decisiones bajo presión. Los talleres de primeros auxilios introducen competencias complementarias que amplían la capacidad de respuesta ante emergencias secundarias. Y los ejercicios de orientación en entornos con baja visibilidad desarrollan habilidades cognitivas esenciales para la supervivencia.

    En este contexto, la educación se convierte en una herramienta de resiliencia colectiva. No solo reduce el impacto de los incendios, sino que transforma la percepción del riesgo en la sociedad.

    La integración de estas prácticas en entornos educativos y laborales genera un efecto multiplicador: cada persona formada se convierte en un agente potencial de prevención.

    Este enfoque se refuerza con recursos informativos actualizados que permiten comprender la evolución de las estrategias formativas. En este sentido, resulta relevante esta reciente guía sobre Educación en prevención y autoprotección ante incendios: aprender a proteger vidas, que profundiza en la importancia de consolidar estos modelos pedagógicos en la sociedad actual.

    El factor humano en la seguridad contra incendios

    Más allá de los dispositivos, las normativas o las infraestructuras, el elemento decisivo en cualquier incendio sigue siendo el comportamiento humano. La rapidez de reacción, la capacidad de mantener la calma y el conocimiento previo determinan el resultado final de una emergencia.

    Los estudios en seguridad han demostrado que la mayoría de las víctimas en incendios domésticos no fallecen por la intensidad inicial del fuego, sino por la falta de preparación y la desorientación en los primeros minutos.

    Por ello, la educación debe enfocarse en la toma de decisiones bajo estrés. Aprender a cerrar puertas para contener el humo, identificar rutas de escape o evitar la propagación del pánico son competencias críticas.

    La autoprotección, en este sentido, no es una habilidad técnica aislada, sino una combinación de conocimiento, entrenamiento y disciplina emocional.

    Hacia una cultura integral de prevención

    Construir una sociedad segura requiere algo más que normativas: exige una transformación cultural profunda. La prevención de incendios debe integrarse en la vida cotidiana como un hábito natural, no como una obligación externa.

    Esto implica educación continua, campañas de concienciación sostenidas y una colaboración efectiva entre instituciones y ciudadanía. La seguridad no puede depender únicamente de la intervención de los servicios de emergencia; debe comenzar en el propio diseño de la vida diaria.

    La incorporación de la prevención en la educación formal, la formación profesional y los entornos laborales es un paso imprescindible hacia esa cultura de seguridad.

    Cada espacio, cada edificio y cada hogar se convierte así en un nodo de responsabilidad compartida.

    Aprender a proteger vidas como prioridad social

    La educación en prevención y autoprotección ante incendios representa una de las inversiones más relevantes en seguridad humana. Su impacto trasciende lo técnico para convertirse en un elemento estructural de cohesión social.

    Formar a la ciudadanía no es una opción complementaria, sino una necesidad estratégica en un mundo donde los riesgos son cada vez más complejos y frecuentes. La combinación de conocimiento, práctica y conciencia colectiva permite reducir significativamente las consecuencias de los incendios.

    La seguridad, en última instancia, se construye antes del incidente. Y en esa construcción, la educación es el primer y más determinante paso.

  • Abilerma Salcedo el lunes 6 de julio de 2026, 15:07 hs

    Fuego en un establecimiento de hostelería de la calle San Andrés de A Coruña obliga a la intervención de los bomberos durante la madrugada

    La rápida actuación de los servicios de emergencia evitó que el fuego registrado en una instalación eléctrica provocara daños mayores en un local de hostelería del centro de A Coruña.

    Un incendio registrado durante la madrugada de este domingo en un establecimiento de hostelería situado en la calle San Andrés de A Coruña movilizó a efectivos del Servicio de Extinción de Incendios de la ciudad tras detectarse un fuego originado en la instalación eléctrica del local. El aviso se produjo alrededor de la 1.23 horas, momento en el que los servicios de emergencia acudieron hasta el lugar para controlar la situación y garantizar la seguridad de la zona. El incidente no provocó daños personales, aunque obligó a mantener un dispositivo preventivo hasta la llegada de los técnicos responsables de la red eléctrica.

    Según la información disponible, el fuego se inició en el exterior del establecimiento, concretamente en el interior de la caja del contador eléctrico, donde resultaron afectados diversos elementos aislantes y la caja de fusibles. A la llegada de los bomberos, las llamas habían remitido considerablemente, aunque fue necesario abrir el cuadro eléctrico para verificar el alcance del incidente y evitar posibles reactivaciones.

    La importancia de los sistemas de protección frente a incendios eléctricos en establecimientos de hostelería

    Los incendios relacionados con instalaciones eléctricas continúan siendo una de las principales causas de emergencia en establecimientos comerciales y de hostelería. El deterioro de componentes, las sobrecargas o determinadas incidencias técnicas pueden provocar elevadas temperaturas capaces de generar combustiones en cuadros eléctricos, cableados y sistemas auxiliares.

    La prevención adquiere una relevancia fundamental en este tipo de escenarios, especialmente mediante la instalación de sistemas de detección temprana y equipos de extinción adecuados. Los extintores co2 2 kg constituyen una de las soluciones más eficaces para actuar sobre incendios originados en cuadros eléctricos y equipos energizados, ya que permiten extinguir el fuego sin dejar residuos y sin causar daños adicionales sobre los componentes electrónicos o las instalaciones afectadas.

    El papel del extintor co2 en la protección de instalaciones eléctricas

    La utilización de un extintor co2 representa una medida esencial en locales comerciales, oficinas, cocinas industriales y establecimientos de hostelería donde existen cuadros eléctricos, maquinaria y equipos conectados permanentemente a la red. Este tipo de agente extintor actúa desplazando el oxígeno y reduciendo rápidamente la temperatura del foco, permitiendo una intervención segura y eficaz.

    A diferencia de otros agentes extintores, el dióxido de carbono no deja restos sólidos ni líquidos tras su utilización, una característica especialmente relevante cuando se producen incendios en instalaciones eléctricas, servidores, cuadros de distribución o sistemas de control electrónico. Esta circunstancia convierte a estos equipos en un elemento indispensable dentro de los planes de autoprotección y seguridad contra incendios.

    La actuación de los bomberos evitó una posible propagación del incendio

    Tras recibir el aviso, los efectivos del parque de bomberos se desplazaron rápidamente hasta el establecimiento afectado de la calle San Andrés. Una vez en el lugar, procedieron a la inspección del cuadro eléctrico y comprobaron que el fuego había quedado limitado al interior de la caja del contador, evitando así una propagación hacia otras dependencias del local o edificios colindantes.

    La actuación preventiva desarrollada posteriormente resultó igualmente determinante. Los profesionales permanecieron en la zona durante un periodo prolongado con el objetivo de detectar cualquier posible reactivación derivada del calor residual acumulado en los componentes eléctricos afectados. Esta medida de seguridad permitió garantizar la completa estabilización del incidente antes de dar por finalizada la intervención.

    Los incendios eléctricos continúan siendo una de las principales emergencias urbanas

    Los servicios de emergencia intervienen cada año en numerosos incidentes relacionados con fallos eléctricos en viviendas, comercios y establecimientos de hostelería. El envejecimiento de las instalaciones, el incremento de la demanda energética y la utilización continuada de equipos eléctricos contribuyen a aumentar el riesgo de este tipo de sucesos.

    Los cuadros eléctricos constituyen uno de los puntos más sensibles dentro de cualquier instalación. La acumulación de calor, las derivaciones o los defectos en el aislamiento pueden originar incendios cuya evolución depende en gran medida de la rapidez en la detección y de la disponibilidad de medios de protección adecuados.

    Por este motivo, las revisiones periódicas de las instalaciones eléctricas y el mantenimiento preventivo adquieren una especial relevancia para garantizar la seguridad tanto de los trabajadores como de los usuarios de los establecimientos.

    La prevención y el mantenimiento, factores decisivos en la seguridad de los locales

    Los protocolos de seguridad en establecimientos abiertos al público contemplan diferentes medidas destinadas a minimizar el riesgo de incendio. Entre ellas destacan la revisión periódica de cuadros eléctricos, la verificación del estado de fusibles y cableados, el control de cargas eléctricas y la correcta señalización de los equipos de protección contra incendios.

    La formación del personal también constituye un elemento esencial para garantizar una respuesta adecuada durante los primeros instantes de una emergencia. La capacidad para identificar un sobrecalentamiento, detectar olor a quemado o actuar correctamente ante un conato de incendio puede resultar determinante para evitar consecuencias más graves.

    Además, disponer de equipos de extinción adaptados al tipo de riesgo existente permite incrementar significativamente la capacidad de respuesta ante cualquier incidente relacionado con instalaciones eléctricas.

    A Coruña mantiene activos sus protocolos de respuesta ante emergencias urbanas

    La rápida movilización de los servicios de emergencia en el incidente registrado en la calle San Andrés refleja la eficacia de los protocolos operativos establecidos para responder ante situaciones de riesgo en entornos urbanos densamente poblados. La coordinación entre bomberos, servicios técnicos y responsables de la red eléctrica permitió controlar la situación sin que se registraran daños personales ni afectaciones de mayor alcance.

    La experiencia acumulada en este tipo de intervenciones confirma la necesidad de continuar reforzando las medidas preventivas en establecimientos comerciales y de hostelería, especialmente en aquellos que cuentan con instalaciones eléctricas sometidas a un uso intensivo.

     

  • Lorena RAmos el jueves 30 de julio de 2026, 10:07 hs

    Cómo las tecnologías de última generación están cambiando la extinción de incendios

    Hay una idea equivocada que conviene desterrar cuanto antes: pensar que los incendios se siguen combatiendo igual que hace veinte años. La imagen del bombero enfrentándose únicamente a las llamas con una manguera forma parte de una realidad que ya ha cambiado. Hoy, la protección contra incendios se ha convertido en un ámbito donde la innovación tecnológica, el análisis de datos y la inteligencia artificial están modificando la manera de prevenir, detectar y extinguir el fuego antes de que alcance consecuencias irreversibles.

    Vivimos en una sociedad más conectada, más industrializada y con infraestructuras mucho más complejas. Eso implica que los riesgos también evolucionan. Un incendio en una nave logística automatizada, un hospital, un centro de datos o una planta química no puede afrontarse únicamente con los procedimientos tradicionales. La tecnología ya no representa un complemento: se ha convertido en una pieza esencial para proteger vidas, minimizar daños materiales y garantizar la continuidad de empresas e instituciones.

    En este contexto cobra todavía más relevancia la protección contra incendios como estrategia integral. No basta con reaccionar cuando aparece el fuego; debemos ser capaces de anticiparnos mediante sistemas inteligentes, equipos homologados y soluciones adaptadas a cada instalación. Del mismo modo, disponer de extintores adecuados, correctamente mantenidos y distribuidos conforme a la normativa vigente continúa siendo uno de los pilares imprescindibles de cualquier plan de seguridad, incluso en una era dominada por la automatización y la inteligencia artificial.

    La tecnología está redefiniendo la protección contra incendios

    Hablar de innovación en extinción de incendios significa hablar de una transformación profunda. La incorporación de drones, sensores IoT, algoritmos predictivos, robots especializados, cámaras térmicas y plataformas digitales ha permitido que los equipos de intervención trabajen con un volumen de información impensable hace apenas unos años.

    El objetivo ya no consiste únicamente en extinguir un incendio. La prioridad pasa por detectar el riesgo antes de que se convierta en una emergencia, identificar con precisión el foco inicial, proteger a las personas expuestas y coordinar todos los recursos disponibles en cuestión de segundos.

    Este cambio de paradigma resulta especialmente importante en industrias donde cada minuto puede traducirse en pérdidas económicas millonarias o poner en riesgo decenas de vidas. La prevención inteligente está sustituyendo progresivamente a la reacción improvisada.

    La inteligencia artificial permite anticiparse al comportamiento del fuego

    La aplicación de la inteligencia artificial representa uno de los avances más importantes de los últimos años dentro de la seguridad contra incendios. Gracias al procesamiento masivo de datos, los algoritmos pueden interpretar miles de variables simultáneamente para elaborar escenarios predictivos con un elevado nivel de precisión.

    Entre los parámetros analizados destacan:

    • Temperatura ambiental.
    • Velocidad y dirección del viento.
    • Tipo de combustible presente.
    • Nivel de humedad.
    • Configuración del terreno.
    • Historial de incendios anteriores.
    • Estado de la vegetación.

    Con toda esta información resulta posible estimar la evolución del incendio, optimizar la distribución de recursos y decidir qué estrategia ofrece mayores garantías de éxito. Al mismo tiempo, el empleo de medios tradicionales continúa siendo imprescindible. Un extintor de polvo ABC, correctamente seleccionado para el riesgo existente, sigue siendo uno de los equipos más eficaces para actuar durante los primeros instantes de numerosos incendios, evitando que un pequeño conato termine convirtiéndose en una emergencia de grandes dimensiones.

    Drones: información aérea en tiempo real para decisiones más rápidas

    Los drones han dejado de ser dispositivos recreativos para convertirse en herramientas de enorme valor operativo durante las emergencias.

    Equipados con cámaras ópticas, sensores térmicos y sistemas de transmisión en directo, permiten obtener una visión completa del incendio incluso cuando el acceso terrestre resulta extremadamente complicado.

    Gracias a ellos podemos:

    • Detectar focos secundarios.
    • Localizar personas aisladas.
    • Supervisar incendios forestales.
    • Analizar estructuras dañadas.
    • Evaluar riesgos para los equipos de intervención.

    Su utilización siempre debe realizarse bajo autorización y coordinación de las autoridades competentes, ya que la presencia de drones particulares puede comprometer seriamente las operaciones aéreas de extinción.

    Sensores inteligentes e Internet de las Cosas: detectar antes de que aparezcan las llamas

    Uno de los cambios más importantes de los últimos años consiste en pasar de la reacción a la detección temprana.

    Los sensores conectados mediante tecnologías IoT supervisan continuamente parámetros críticos como la concentración de humo, la temperatura, los gases combustibles o las variaciones ambientales. Cuando detectan anomalías generan alertas automáticas que permiten intervenir incluso antes de que el incendio resulte visible.

    Esta capacidad resulta especialmente valiosa en hospitales, centros logísticos, edificios administrativos, hoteles, industrias alimentarias, centros comerciales y grandes instalaciones industriales.

    Precisamente esta evolución tecnológica demuestra que la protección contra incendios ya no depende exclusivamente del momento en que aparecen las llamas. Cada vez adquiere mayor importancia la monitorización permanente y el análisis preventivo de todos los factores de riesgo.

    Quienes deseen profundizar en esta evolución tecnológica pueden ampliar información en Cómo las tecnologías de última generación están cambiando la extinción de incendios, donde se analizan las soluciones más innovadoras aplicadas actualmente en el sector.

    Cámaras térmicas: ver donde el humo impide actuar

    Durante una intervención, el humo representa uno de los mayores enemigos para los servicios de emergencia. Reduce drásticamente la visibilidad y dificulta localizar víctimas o identificar focos ocultos.

    Las cámaras térmicas permiten observar diferencias de temperatura incluso cuando la visibilidad es prácticamente nula.

    Entre sus principales aplicaciones destacan:

    • Localización de personas atrapadas.
    • Detección de puntos calientes.
    • Comprobación de reigniciones.
    • Control estructural de edificios afectados.
    • Seguimiento de incendios industriales complejos.

    Robots especializados para intervenir donde el riesgo humano es inasumible

    Existen escenarios donde la presencia inmediata de personas supone un riesgo inaceptable: refinerías, centrales energéticas, plantas químicas, túneles, almacenes con productos peligrosos o instalaciones con riesgo de explosión.

    En estos casos, los robots de extinción están demostrando una eficacia extraordinaria.

    Son capaces de soportar temperaturas extremas, transportar cámaras, medir gases tóxicos, proyectar agua o espuma y acceder a zonas completamente inaccesibles para los equipos humanos.

    Su incorporación reduce significativamente la exposición de los profesionales sin disminuir la eficacia operativa.

    Materiales y agentes extintores cada vez más eficaces

    El agua continúa siendo el agente extintor más utilizado, pero la investigación ha permitido desarrollar productos que multiplican su rendimiento.

    Los nuevos geles retardantes permanecen adheridos durante más tiempo sobre las superficies, reducen la evaporación y crean barreras temporales capaces de ralentizar el avance del fuego.

    Estos desarrollos resultan especialmente útiles para proteger infraestructuras críticas, masas forestales o edificaciones situadas en zonas de interfaz urbano-forestal.

    Plataformas digitales que coordinan toda la emergencia

    Los actuales centros de coordinación integran información procedente de satélites, sensores, cámaras urbanas, drones, vehículos de emergencia y predicciones meteorológicas sobre mapas interactivos que se actualizan en tiempo real.

    Esta visión global facilita una distribución mucho más eficiente de los recursos disponibles, mejora la comunicación entre organismos y acelera la toma de decisiones durante toda la intervención.

    La innovación nunca sustituirá la prevención

    Existe una conclusión que permanece inalterable pese a todos los avances tecnológicos: ninguna innovación puede sustituir una adecuada política de prevención.

    Los sistemas inteligentes, la inteligencia artificial o los robots representan herramientas extraordinarias, pero únicamente alcanzan todo su potencial cuando forman parte de una estrategia integral basada en la planificación, el mantenimiento periódico de los equipos, la formación del personal y el estricto cumplimiento de la normativa.

    La verdadera revolución tecnológica no consiste únicamente en desarrollar dispositivos cada vez más sofisticados. Consiste en conseguir que cada innovación contribuya a reducir el número de incendios, minimizar sus consecuencias y proteger mejor a las personas.

    El futuro de la extinción de incendios ya está en marcha

    Todo indica que durante los próximos años presenciaremos una integración todavía mayor entre inteligencia artificial, gemelos digitales, vehículos autónomos, sensores inteligentes, comunicaciones de alta capacidad y sistemas predictivos capaces de anticipar incidentes con una precisión sin precedentes.

    Sin embargo, cuanto más sofisticadas se vuelven las herramientas, más evidente resulta una realidad que no cambia: la importancia de la protección contra incendios nunca había sido tan grande como en la actualidad. La tecnología multiplica nuestras capacidades, pero son la prevención, el cumplimiento normativo, la correcta instalación de los sistemas de seguridad y la responsabilidad colectiva las que siguen marcando la diferencia entre un incidente controlado y una tragedia.

    La extinción de incendios del siglo XXI ya no depende exclusivamente de la rapidez de respuesta. Depende de la capacidad para anticiparse al riesgo, interpretar millones de datos en tiempo real y combinar innovación, experiencia y prevención dentro de un modelo de seguridad mucho más inteligente, eficiente y preparado para afrontar los desafíos del presente y del futuro.

  • Tania Morillas el jueves 17 de septiembre de 2026, 08:56 hs

    Con qué extintor se apaga un fuego eléctrico

    Cuando aparece un incendio en un cuadro eléctrico, una regleta, un servidor, un motor, un centro de transformación o cualquier equipo conectado a la red, la primera pregunta no debería ser cuánto tardaremos en apagarlo, sino con qué agente extintor podemos intervenir sin añadir un segundo peligro al primero. Un fuego eléctrico exige rapidez, pero también criterio: actuar con un producto inadecuado puede provocar una descarga, extender el incendio o causar daños innecesarios sobre equipos cuyo valor puede ser considerable.

    La respuesta más habitual para los incendios que afectan a equipos eléctricos bajo tensión es el extintor de dióxido de carbono, conocido como extintor CO2. Su principal ventaja es que el agente extintor no deja residuos sólidos sobre cuadros, componentes electrónicos, ordenadores o maquinaria. Sin embargo, decir simplemente que «para un fuego eléctrico siempre hay que utilizar CO2» sería demasiado sencillo. La selección del extintor debe atender al equipo afectado, a los materiales que están ardiendo, a si existe tensión eléctrica y a las condiciones concretas de la instalación.

    La importancia real de la protección contra incendios en la actualidad se encuentra precisamente en ese punto: no basta con disponer de un extintor. Necesitamos que sea adecuado para el riesgo, que esté correctamente instalado, mantenido, señalizado y que las personas sepan cuándo pueden utilizarlo y cuándo deben evacuar y solicitar asistencia.

    ¿Con qué extintor se apaga un fuego eléctrico?

    Para un incendio que se está desarrollando sobre un equipo eléctrico, el extintor de CO2 es una de las soluciones específicamente utilizadas por su idoneidad frente a instalaciones y equipos eléctricos. El dióxido de carbono actúa principalmente desplazando el oxígeno alrededor de las llamas y reduciendo las condiciones necesarias para que continúe la combustión. Además, al descargarse como gas, no deja el residuo de polvo que encontramos en un extintor ABC.

    Esto resulta especialmente relevante cuando el incendio afecta a ordenadores, cuadros de distribución, centrales electrónicas, servidores, equipos de telecomunicaciones o maquinaria en la que el polvo pueda introducirse en componentes y dificultar posteriormente las tareas de limpieza y recuperación. En este contexto, disponer de extintores CO2 correctamente seleccionados puede formar parte de una estrategia de protección específica para zonas con riesgo eléctrico.

    Ahora bien, hay una precisión fundamental: el CO2 no convierte cualquier incendio en un incendio exclusivamente eléctrico. Si junto al cuadro eléctrico están ardiendo plásticos, papel, embalajes, aceites u otros materiales combustibles, debemos valorar también la naturaleza del fuego. El agente que funciona bien sobre el equipo eléctrico puede no ofrecer la misma eficacia frente a un incendio que ya se ha extendido a otros combustibles.

    Por qué el CO2 es adecuado para equipos eléctricos

    El interés del CO2 no se limita a que «no manche». Su comportamiento explica por qué se utiliza habitualmente en determinados espacios técnicos. Al descargarse sobre el foco, el dióxido de carbono reduce la concentración de oxígeno en el entorno inmediato de las llamas y contribuye a interrumpir la combustión.

    La segunda ventaja es la ausencia de residuos sólidos. En un cuadro eléctrico, una central electrónica o un servidor, esto puede ser determinante. El polvo químico puede ser eficaz contra numerosos incendios, pero después de la extinción deja un residuo que exige limpieza y que puede introducirse en componentes delicados.

    Por eso, cuando hablamos de protección de equipos eléctricos, la elección no debe realizarse únicamente pensando en apagar las llamas. También debemos considerar qué ocurrirá con el equipo después de la descarga. La protección contra incendios moderna no consiste únicamente en eliminar el fuego; también busca limitar las consecuencias sobre personas, instalaciones y bienes.

    ¿Se puede utilizar un extintor ABC en un fuego eléctrico?

    Esta es una de las dudas más frecuentes. Un extintor de polvo ABC puede utilizarse en determinadas situaciones sobre equipos eléctricos, siempre que el propio extintor sea adecuado para ese uso y se respeten las condiciones de seguridad correspondientes. El hecho de que un extintor sea ABC no significa que esté automáticamente prohibido ante cualquier instalación eléctrica.

    De hecho, la normativa vigente sobre instalaciones de protección contra incendios exige que los agentes extintores sean adecuados para las clases de fuego normalizadas y establece requisitos específicos para los extintores portátiles. El RIPCI, aprobado mediante el Real Decreto 513/2017, exige además que estos equipos cumplan las normas aplicables y que su emplazamiento permita un acceso rápido y seguro. :contentReference[oaicite:0]{index=0}

    La diferencia práctica está en el escenario. Si estamos ante un pequeño incendio en un cuadro eléctrico y necesitamos proteger simultáneamente equipos electrónicos sensibles, el CO2 presenta una ventaja evidente por no dejar residuos. Si existe un riesgo combinado de materiales sólidos combustibles y electricidad, un ABC puede formar parte de la protección prevista, siempre que su marcado y características permitan el uso correspondiente.

    Por tanto, no debemos reducir la respuesta a una guerra entre «CO2» y «polvo». Debemos preguntarnos qué riesgo existe realmente en el lugar que queremos proteger.

    Extintor CO2 de 2 kg: cuándo puede ser una solución

    En instalaciones pequeñas y medianas encontramos con frecuencia equipos de dióxido de carbono de diferentes capacidades. El extintor co2 2 kg puede resultar apropiado para determinados puntos de riesgo donde exista una necesidad concreta de protección frente a equipos eléctricos y electrónicos.

    La capacidad, sin embargo, no debe elegirse por intuición. Dos kilogramos de CO2 no protegen automáticamente cualquier sala, cuadro o instalación. Debemos valorar el tamaño del riesgo, el tipo de equipo, la posible propagación del incendio, la ubicación del extintor y las exigencias establecidas por la normativa o por el proyecto de protección contra incendios.

    Esto es especialmente importante en salas de servidores, centros de datos, cuadros eléctricos, salas de control, centros de transformación, laboratorios y zonas de maquinaria. Un pequeño extintor colocado junto a un equipo puede ser útil como primera intervención, pero no sustituye necesariamente otros sistemas de protección cuando el riesgo, la carga de fuego o las características del recinto exigen medidas adicionales.

    Qué extintor utilizar según el tipo de incendio eléctrico

    Un incendio eléctrico puede parecer una categoría independiente, pero técnicamente debemos analizar qué está ardiendo. La electricidad es una condición del escenario, no una clase de fuego definida como tal en la clasificación habitual de fuegos.

    Podemos encontrarnos con un cuadro eléctrico en llamas, un cableado sobrecalentado, un motor eléctrico incendiado, una fuente de alimentación defectuosa o un equipo electrónico cuyo plástico ha comenzado a arder. En cada caso cambia el riesgo y puede cambiar la estrategia.

    • CO2: especialmente apropiado cuando necesitamos intervenir sobre equipos eléctricos y electrónicos y queremos evitar residuos.
    • Polvo ABC: ofrece una aplicación más polivalente cuando además existen combustibles sólidos, líquidos o gases compatibles con su clasificación.
    • Agua: no debe utilizarse indiscriminadamente sobre equipos bajo tensión. Su utilización depende del tipo de extintor, de su certificación y de las condiciones concretas de seguridad.
    • Espuma: tampoco debe considerarse una solución genérica para instalaciones eléctricas bajo tensión.

    Una guía reciente dedicada específicamente a con qué extintor se apaga un fuego eléctrico aborda precisamente esta cuestión: elegir el agente adecuado es más importante que disponer simplemente de «un extintor» cerca.

    ¿Hay que cortar la electricidad antes de apagar el incendio?

    Siempre que sea posible y seguro, desconectar la alimentación eléctrica es una medida fundamental. Pero hay que distinguir entre una desconexión realizada mediante los sistemas previstos para ello y acercarse a una instalación peligrosa para intentar manipularla durante el incendio.

    Si existe humo intenso, riesgo de explosión, fuego desarrollado, tensión desconocida o peligro para las personas, la prioridad deja de ser utilizar el extintor y pasa a ser avisar, evacuar y permitir la intervención de los servicios de emergencia. Un extintor portátil está pensado para una primera intervención sobre un conato, no para enfrentarse a un incendio que ha adquirido dimensiones incompatibles con una actuación segura.

    Cómo colocar los extintores contra incendios

    Elegir el agente correcto es solo una parte de la protección. El RIPCI establece que los extintores deben ser visibles, accesibles y estar próximos a los puntos donde exista mayor probabilidad de inicio del incendio, preferentemente cerca de las salidas de evacuación. También establece que la parte superior del extintor quede situada entre 80 y 120 centímetros sobre el suelo y que el recorrido horizontal hasta el extintor no supere los 15 metros desde los puntos considerados origen de evacuación. :contentReference[oaicite:1]{index=1}

    La ubicación adquiere todavía más importancia en una sala eléctrica. No sirve de mucho colocar un extintor detrás de un cuadro, dentro de un armario o en una zona donde el acceso quede bloqueado por maquinaria. En una emergencia, cada segundo cuenta y el equipo debe poder identificarse y retirarse rápidamente.

    Protección contra incendios en empresas, comunidades y salas técnicas

    En una empresa, la protección frente al fuego eléctrico debe integrarse dentro de una evaluación global del riesgo. Un pequeño comercio puede tener cuadros eléctricos, ordenadores y electrodomésticos; una industria puede añadir motores, cuadros de automatización, variadores, baterías y maquinaria; un centro de datos puede depender de sistemas eléctricos cuya interrupción tenga consecuencias económicas inmediatas.

    Por eso debemos evitar una solución idéntica para todos los edificios. La protección contra incendios debe responder al riesgo real del establecimiento. El nuevo Reglamento de seguridad contra incendios en los establecimientos industriales, aprobado por el Real Decreto 164/2025, establece criterios específicos para los establecimientos industriales y contempla la selección del agente extintor conforme al RIPCI. :contentReference[oaicite:2]{index=2}

    En todos estos casos, además, el mantenimiento resulta inseparable de la instalación. El RIPCI contempla comprobaciones periódicas para verificar que los extintores permanecen en su ubicación, son adecuados para el riesgo, están accesibles, señalizados, en buen estado y no han sido descargados. :contentReference[oaicite:3]{index=3}

    Qué debemos recordar sobre los incendios eléctricos

    Si buscamos una respuesta concreta a la pregunta «con qué extintor se apaga un fuego eléctrico», debemos señalar el CO2 como una de las opciones específicamente indicadas para proteger equipos eléctricos y electrónicos. Su ausencia de residuos y sus características lo convierten en una solución habitual en cuadros, salas técnicas, equipos electrónicos y otros puntos donde la limpieza posterior resulta especialmente importante.

    Pero la seguridad exige algo más que memorizar el nombre de un agente extintor. Debemos identificar qué está ardiendo, comprobar si existe tensión, seleccionar un equipo certificado y adecuado al riesgo, instalarlo correctamente y mantenerlo operativo. Y, sobre todo, debemos saber cuándo un incendio ha dejado de ser un conato controlable con un extintor portátil.

    La importancia real de la protección contra incendios en la actualidad se demuestra precisamente en esas decisiones aparentemente pequeñas: elegir el agente correcto, mantener accesible el equipo, respetar las distancias de instalación, revisar periódicamente los extintores y formar a las personas que tendrán que actuar ante una emergencia. Cuando el fuego aparece, ya no hay margen para improvisar.

    Por eso, ante una instalación eléctrica, no debemos preguntarnos únicamente qué extintor comprar. Debemos preguntarnos qué riesgo queremos proteger, qué agente resulta adecuado y cómo debe integrarse ese equipo dentro del conjunto de medidas de protección contra incendios. Esa es la diferencia entre tener un extintor y disponer realmente de una estrategia de seguridad.